Caminaban por el horizonte de arena.De hecho,todo a su alrededor era arena dorada por el sol.
La caravana constaba de seis camellos con sus respectivas monturas.Llevaban cantimploras con agua y dátiles, eso era todo.Y sal para los camellos.
Abdullah fue el que dio el grito, el primero,pues al instante le siguieron otros con idéntica alegría, tras avistar el oasis después de cinco largas semanas.
Tomaron agua y se lavaron,cogieron dátiles del suelo a la sombra de las palmeras.Rieron.Yde pronto el sonido de una flauta rompió el del viento.Se pusieron a bailar.La fiesta fue interrumpida por una tormenta de arena,y se fueron a refugiar a las cuevas.Pasada la tormenta descansaron al cobijo de las palmeras,tras encender un fuego,y Abdullah quedó profundamente dormido cuando el sol se ponía por el horizonte.Soñó con un viaje en alfombra voladora, contemplando paisajes salpicados de pueblos blancos.
Al alba decidieron continuar el viaje.Partieron del oasis.Su destino era Petra,la ciudad milenaria.Caminaban por las dunas a un ligero y fresco trote.Sonaba de nuevo la flauta.
Abdullah era felíz,aunque hacía meses que no veía a su esposa ni a sus hijos.Tenía dos: Yasmine,de siete años,y Mohamed,de once.Ambos iban a la madrasa.
La caravana llegó a Petra con el sol en lo más alto.Corría un viento fuerte que removía el polvo.Estuvieron dos horas admirando las ruinas de la ciudad.Luego se fueron.
Proseguirían su viaje unas semanas más,pasando por el mar muerto,entre dunas,desiertos y oasis.Esta era la vida nómada de Abdullah y los suyos.
Jose Lorente.
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