El anarquista coronado de adelfas. Las adelfas son venenosas. La lucha del anarquista no es infructuosa.
Conoció los sinsabores de la política. Ahora reniega de toda bandera. De toda frontera.
El anarquista prende una pipa de cannabis y lee la prensa. El mundo sigue tan mal. Se irrita, porque el anarquista es sensible a los acontecimientos.
La flor blanca de las adelfas. Los escarabajos sobre la flor del cardo mariano. Las abejas obteniendo polen. Pero la corona del anarquista no está florida. Sólo está formada por hojas, como el laurel de los antiguos. Siente la utopía como algo necesario. Pero nunca pensó en cambiar las cosas a la fuerza. Por medio de las armas. El anarquista es pacifista.
Bajo el efecto del THC, la embriaguez le ayuda a abandonar la lectura e ir a dar un paseo por el parque de la ciudad.
El anarquista coronado de adelfas es el título de un libro, de un tal Manuel Vicent. Yo lo he tomado para escribir este relato de un luchador vencido, de un ciudadano insatisfecho.
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