LA CITA
Nos perdimos el café de aquella tarde
tan apresurada y excitante.
El mundo corría a nuestro alrededor,
aunque, nuestra insensatez,
nos hacía ajenos.
Allí estábamos,
cubriendo nuestros cuerpos con vergüenza,
escondidos tras la tapia de aquel parque,
por si algún conocido pudiese vernos.
Era maravilloso, a la par que humillante.
Pero ahí estábamos,
negándonos ese café en el escaparate del centro comercial.
Era raro y sospechoso lo que hacíamos
pero, en el fondo, nos gustaba,
Diego J. López
copiado por ch
No hay comentarios:
Publicar un comentario