Hace mil veces mil
años de piedra
yo fui picapedrero
y esto fue lo que hice,
golpeando
sin manos
ni martillo,
abriendo
sin cincel,
mirando el sol sin ojos,
sin ser,
sin existir sino en el viento
sin otro pensamiento que una ola,
sin otras herramientas
que el tiempo,
el tiempo,
el tiempo.
Hice la estatua ciega
que no mirara,
que allí
en la desolada
arena
mantuviera su mole
como mi monumento:
la estatua
ciega
que aquel primer hombre
que salió de la piedra,
el hijo de la fuerza,
el primero
que cavo, tocó, impuso
su creación perdida,
buscó el fuego.
Y así nací desnudo
y azul picapedrero,
a lo largo de costas en tinieblas,
de ríos aún oscuros,
en cuevas azotadas por la cola
de los saurios sombríos,
y me costó encontrarme,
hacerme manos,
ojos, dedos, buscar
mi propia sangre,
y entonces mi alegría
se hizo estatuta:
mi propia forma que copié golpeando
a través de los siglos en la piedra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario