Se miraron bien y ella decidió sentarse a su lado. Desde un primer instante esa cara le resultó familiar. Mesa de camilla y televisor.
Aquél mechón de pelo cayendo sobre la frente, aquella indisimulada sonrisa. Pero hubo de pasar unos instantes hasta que reconociera a la persona que viajaba junto a ella. Fue al ponerle imaginariamente el bigote, un bigote peculiar. El bigote de Charles Chaplin. Era él, sin duda, y ahí estaba junto a él.
No se atrevió a preguntarle nada para entablar una conversación, así que estuvo todo el viaje callada imaginando como de ajetreada sería la vida de un hombre como él.Iría de estudio en estudio.Maquillaje,ensayos,órdenes,etc.
Al final del trayecto, ambos descendieron del vagón y ahí sus rumbos se separaron.Pero le quedó la cosquilla de haber estado sentada junto a un famoso, y el remordimiento de no haber tenido un diálogo con una de las figuras señeras del cine.
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