Era diestro en arrojar cócteles Molotov contra la policía. Esta tirado sobre el alquitrán. Junto a él un operario de cámara también echado la protegía. Contra todo pronóstico la carga policial pasó a varios metros. Pudieron levantarse. El cámara siguió grabando y él fue a abastecerse. Llegó al borde del parque donde estaba establecido el punto de encuentro y se pertrechó con cuatro botellas, que guardó en la mochila. Los antidisturbios operaban por la glorieta. Hasta allí se dirigió y, subiendo a una farola, sacó la primera botella, que prendió. De nuevo arrojarla contra el grupo policial y el fuego alcanzando a dos agentes, que necesitan de la ayuda de sus compañeros. De nuevo el charco ardiente. Las carreras, los golpes, las caídas. Hace dividirse en dos al grupo de los antidisturbios con su segundo lanzamiento. Huye. Se refugia en un portal. Aún le quedan dos cócteles, pero está satisfecho con el resultado. Así que se conforma y vuelve al parque a dejarlos. Canta victoria, mientras no lejos las cargas y las detenciones siguen causando estragos.
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